Alberto Flores Callejas
Hace poco más de 10 años nació la Coalición de Pensionistas del Instituto de Pensiones del Estado. Era diciembre de 2010; los jubilados del IPE vimos sensiblemente disminuido nuestro aguinaldo. Se debió a un aumento al Impuesto Sobre la Renta, según nos lo hizo ver el propio IPE, no era su responsabilidad. Sin embargo, la inconformidad se extendió y se agravó ante declaraciones gubernamentales inconsistentes, las cuales, aunadas a indicadores obtenidos de otras fuentes, revelaban que nuestro Instituto podría estar al borde una crisis financiera.

Ante un nutrido grupo de pensionados así lo denotó, por ejemplo, Gonzalo Morgado, recién designado Director del IPE, quien en enero de 2011 pretendió disuadirnos de la lucha iniciada espetando, palabras más palabras menos, lo siguiente: “a mí no me preocupa ese gravamen aplicado al aguinaldo, eso es lo de menos, me preocupa cómo voy a hacer para pagar sus pensiones el mes entrante”. Expresión premonitoria de los retrasos en el pago y otros problemas que ocurrirían poco tiempo después.
Por décadas el IPE tuvo fama pública de “Caja Chica” del Gobierno del Estado. Esa coloquial referencia se quedó corta ante el saqueo perpetrado cuando menos en algunos de los gobiernos estatales en pleno siglo XXI. Sobre todo, en el sexenio del gobernador Duarte. Hoy día se cuenta con testimonios, incluso documentales, de cómo Miguel Alemán “pagó” al IPE con terrenos en breña sin mayor valor comercial, de gobiernos que se hicieron ilegales autopréstamos luego no liquidados al IPE, de propiedades del Instituto enajenadas sin causa justificada, de cuotas no aportadas al IMSS y otras irregularidades inexplicables, por decirlo con suave eufemismo.
Esos antecedentes, el panorama que se veía venir para el IPE, la política impulsada desde el gobierno federal para substituir el modelo solidario (De beneficios definidos) por las cuentas individuales (AFORES, que implican raquíticas pensiones y un jugoso negocio para la banca mayoritariamente extranjera), así como la pasividad de organismos sindicales veracruzanos, especialmente los que han tenido representación en el Consejo Directivo del IPE; todo eso, hizo que muchos pensionistas valoráramos la necesidad de organizarnos para la defensa de nuestros derechos, casi como un imperativo de supervivencia.
COPIPEV surgió en forma por demás espontánea y democrática, pero también algo absurda, encabezada por una especie de comisión representativa de diversas dependencias en las que alguna vez laboramos antes de ser pensionados por el IPE. En plena calle, al calor de la protesta y al valor de propuestas que presuponían idoneidad, se escucharon voces como: “a ver, ¿alguien de la Universidad? Propongo a FULANO… ¿Quién de Educación Media? SUTANO… De la Normal ¿A quién proponen? PERENGANO… ¿de Salud Pública? Aquí, está la Sra. ENFERMERA… Faltan de la Pedagógica, de Educación Primaria… Que participen más mujeres y”… Así por el estilo, se fueron integrando otros compañer@s a la referida comisión.
Sin ningún liderazgo formal, sin definir cargos específicos, sin espacio apropiado para reuniones, más que uno generosamente prestado por Eduardo Segura…, para sesionar cada lunes durante algo así como tres años. Con COPIPE como inicial acrónimo, se desarrolló una gestión, que lo mismo formuló manifiestos, estructuró delegaciones en Xalapa y otros puntos del Estado, organizó sonoras manifestaciones públicas y un largo etcétera. También hubo que lidiar con protagonismos y actitudes disruptivas no fáciles de superar. Compañeros de Orizaba, Papantla y el Puerto, aun coincidiendo con los objetivos de la naciente Asociación, no aceptaron constituirse en delegaciones y prefirieron permanecer con otras formas de organización y participación.
Después de múltiples peripecias, en asamblea plenaria se acordó por amplísima mayoría constituir una Asociación Civil con el nombre de Coalición de Pensionistas del Instituto de Pensiones del Estado de Veracruz (COPIPEV A.C.) Formalizar legalmente esa Asociación implicó un cúmulo de requisitos, entre otros, una cuidadosa formulación de los estatutos que normarían su funcionamiento, así como una comisión formalmente autorizada para realizar el registro correspondiente ante el Gobierno Federal.
Elaborar los estatutos requirió de largas sesiones de análisis, discusión y redacción, pero las reuniones tuvieron definitivamente su parte amable, en la cual no faltó el vino tinto. Mucho de eso se debió a la estupenda hospitalidad que para el caso ofrecieron Tomás Rodríguez Pazos y su esposa Paty Zulueta Alegría
Un objetivo medular de la COPIPEV desde su concepción original fue LA LUCHA POR PRESERVAR AL IPE CON SU MODELO SOLIDARIO, Y BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA PERMITIR LA IMPLANTACIÓN DEL ESQUEMA DE CUENTAS INDIVIDUALES CON EL SISTEMA DE AFORES.
Muchas voluntades abonaron esa lucha, varios organismos sindicales apoyaron enviando alguna representación a las manifestaciones de protesta, incluso aceptaron hacer cierta aportación para determinada publicación a nivel nacional. Cabe destacar especialmente la formidable solidaridad del Sindicato de la Normal Veracruzana (STENV) que en repetidas ocasiones facilitó su salón social para eventos que requeríamos o bien nos conseguía, sin ningún costo, espacios apropiados para nuestras sesiones plenarias.
La movilización de la COPIPEV durante sus tres primeros años de vida implicó muy diversas actividades para hacer presencia pública en pro de la causa de sus asociados, pero también en favor de los pensionistas en general y más específicamente de quienes a futuro fueran beneficiarios del IPE. Vayan enseguida algunos ejemplos:
A) De entrada, ser parte de la COPIPEV, y ya no se diga de la un tanto informal Comisión Representativa, significó para los involucrados la necesidad y la obligación de documentarse sobre aspectos históricos, legales y administrativos, no solo en torno al IPE, sino de sistemas pensionarios en general.
B) Hubo que promover y participar en reiteradas sesiones informativas y de sensibilización en diversos puntos de Estado, la mayoría de las veces con pensionados, pero también en varios casos con trabajadores en activo.
C) Desde un principio fue indispensable recurrir a asesoría legal, juicios de amparo y otros recursos que invadían el ámbito de lo jurídico. No todo fue exitoso y ágil. Hubo en varios casos controversia interna y tropiezos de diverso tipo. Mucho tuvo que solventarse, con aportaciones voluntarias de los integrantes de la comisión representativa y de los compañeros coaligados.
D) Múltiples publicaciones en medios diversos, lo mismo inserciones pagadas que conferencias de prensa o declaraciones refiriendo la deficiente administración del IPE y la notoria opacidad en el manejo de su patrimonio.
E) Contactos con funcionarios locales y dirigentes políticos nacionales, con quienes se buscó apoyo. Destaca aquí de manera especial la manifestación de un centenar de compañeros ante el Senado de la República, gestión que aunada a la de otras agrupaciones similares, abonó la reforma legal que disminuyó sensiblemente el impuesto sobre la renta para numerosos pensionados.
F) Entrevistas en CDMX con especialistas en sistemas pensionarios, Sobre todo los muy reconocidos del Centro de Análisis y Estudios de Seguridad Social (CAESS). Varios de ellos ofrecieron en la Sala “Carmela Rey” del Hotel Xalapa una charla sumamente orientadora.
Finalmente, y de seguro con más de una involuntaria omisión, considero necesario mencionar a los compañeros cuya participación fue encomiable y determinante en la etapa inicial de nuestra hoy muy consolidada Asociación Civil. Ell@s fueron: (en orden alfabético) Adrián Mendieta Pérez, Eduardo Segura…, Humberto Hernández Vargas, Jorge Lara de la Fraga, Luis A. Rodríguez Rosáinz, Margarita Tejeda Villegas, Marco A. Rodríguez Revoredo, María René Montero Mora, Mirtha Febe Peña Pérez, Tomás Rodríguez Pazos, Pedro Linares Fernández, entre otros.
Remato estas líneas con un juicio personal en aras de cierta pretendida justicia. Aunque el Mtro. Víctor Raúl Domínguez nunca buscó ni aceptó de buena gana la dirigencia formal en el periodo fundacional de COPIPEV, seguramente sin proponérselo, ejerció un evidente liderazgo, muy eficaz en su momento.
